Me lo decía dulcemente ,parecía que aquellas palabras dulces quisieran decir la pena que sufre su corazón por esta falta de estudio.Me da tanta pena que no sé epresarlo, me decía que debe seguir su camino dentro de la Iglesia, pero rezando con más fervor a Jesús Sacramentado cuando descienda a su pecho.Mi querido Luigi,¡alégrese porque el Padre le avisa de lo que desea Jesús de Vd!¡Pobre Padre! Cuánto sufre cuando sus hijos espirituales no cumplen las promesas que han hecho. El es responsable ante la majestad de Dios. Pero nosotros no lo hacemos,¿verdad? No, pero estoy muy convencida de que mi querido Luigi, que tiene un corazón tan bueno, no quiere que nuestro querido Padre, nuestra víctima, sufra porque nosotros no cumplimos.Él ve su futuro y ya ha establecido de su posición.Piéenselo, querido Luigi,procure – ahora que ha leído esta carta – que él desde allí no tenga que volver a sentir el dolor que le cause su hijo Luigi que hace sangrar sus heridas...Ponga una fuerte, fortisima voluntad en aquello que desea expresamente nuesto querido Padre Santo.Esperamos unidos consolar su amargado corazón, porque es el suyo el mismo Corazón de Jesús. Con mis mejores deseos. A todos la santa bendición del Padre. Vuestra hermana en Jesús, Olimpia Pia Cristallini >>. La oración del Padre y sus palabras de invitación al estudio me ayudaron a no abandonar la Escuela Técnica. Al principio del año escolar 1942-1943, yo estaba en el quinto año del Istituto Aldini; me faltaban sólo 3 años para obtenere el diploma.Un día de Octubre de 1942, la profesora de literatura del Istituto, la Dra. Lia Ceneri, me dijo:<< Gaspari,¿cómo es posible que no hayas escogido una escuela de estudios clásicos? >>.Le respondì que ése era mi deseo, pero que primero debía resignarme a obtener mi diploma en la Escuela Técnica.La buena y generosa profesora me dijo:<< Estoy segura de que aprobarás el examen de ingreso en el Liceo Científico. Durante este curso escular te daré clases particulares de Latín >>.El entusiasmo y la generosidad de la Dra. Ceneri me indujeron a intentarlo.Por las tardes, después de las ocho horas de clase en el Instituto Aldini, ibi a casa de la Srta. para empezar desde el principio las clases de latín.Ciertamente, las oraciones que el Padre Pío ofrecía por mí, sin que yo lo supiera, fueron las que me proporcionaron la ayuda de la generosa profesora y la voluntad de estudiar, que no tenía.En el verano de 1943 aprobé el examen y un año después me trasladé el Liceo Científico “Augusto Righi” de Boloña. Me diplomé en Farmacia en el año 1950.En casi 14 años, desde 1940 hasta 1954, no volví a ver al Padre Pío.En Septiembre de 1954 encontré en el desván, entre los libros del colegio, la carta recibida el 5 de Mayo de 1940 desde S. Giovanni Rotondo.Releí con mucha atención la carta que creía haber perdido y comprendí mejor el significado de tantas pruebas.Mi amadísmo papá Augusto había muerto el 26 de Noviembre de 1953.Mi madre, cansada y dolorida, me necesitaba; yo quería ayudarle a resolver los grandes problemas surgidos en la familia tras la muerte de mi padre.Mi padre siempre había querido ver unidos a sus nueve hijos.Queriendo realizar este deseo, mientras vivió mi padre, las cosas entre tantos hijos fueron bien. Pero después de su muerte surgieron las diferencias por la dificuldad de mantener unidos los intereses de las 9 familias que mis hermanos habían formado a la sombra benéfica de un padre de familia tan amante y generoso.Mi padre cultivaba la Unidad Familiar. Su corazón lleno de amor y generosidad era incapaz de aceptar el hecho de que sus hijos casados abandonaran su hogar y tuvieran otras aspiraciones.En el verano de 1954 decidí ir a vivir a S. Matteo della Decima para estar a disposición de mi famialia y para consolar al Ángel de mi casa con mi modesta ayuda y cariño.No me gustaba vivir en sitios pequeños y menos ocuparme de los molinos, pero el amor a mi madre y las obligaciones con mi familia me hicieron superar las dificultades para ambientarme.El sufrimiento de aquel año me hizo captar el valor de la carta encontrada en el desván de Decima; decidí entonces volver a S. Giovanni Rotondo.SEGUNDO VIAJE A S. GIOVANNI ROTONDOMientras me preparaba para irme, mi piensamiento volvía a mi primer encuentro con el Padre 14 años antes. ¿Cómo era posible no haberme sentido llamado a volver a S. Giovanni Rotondo durante 14 años? No sabía explicarme el por qué.Fui solo. Llegué emocionado a S. Giovanni Rotondo. La callejuela que desde el pueblo lleva al convento donde vivía el Padre Pío estaba muy cambiada; había surgido una nueva ciudad.Escuché la Santa Misa del Padre Pío a las 5 de la mañana, como tantos años antes. El tiempo habia dejado las huellas del sufrimiento en el físico y en la mirada del amado Padre. Durante la Santa Misa me sentía casi culpable por haber dejado pasar tantos años y estuve tan emocionado que lloré durante largo rato. Acabada la Santa Misa fui, junto con una grande multitud de hombres, a la sacristia.El Padre pasó delante de mí para ir hacia su celda. Estaba sereno, sin ningún signo visible de las emociones tenidas durante la Santa Misa. Mi surpresa fue enorme cuando el Padre Pío se paró en silencio delante de mí con la seguridad, visible en sus gestos y en su mirada, de quién podía ver en mí, no a un hombre, síno al muchacho miedoso de hacía tantos años.No dudaba de que el Padre pudiera reconocer en mí al pequeño Luigi de hacía 14 años. Mi duda era tan sólo de no tener derecho de ser reconocido todavía como hijo.El Padre Pí, con voz de verdadero Padre, y con un gesto cariñoso, acercó la mano hacía su hijo, y me tocó con fuerza diciendo:<< Hijo mío, ¡por fin estás aquí! ¿ Por qué has llorado? Tú sabes que no me gustan los llantos >>.Atraído por tanto amor paterno, sentí más mi amor hacia el Padre. En el amor del Padre Pío encontré, aumentado, todo el amor de mi amado padre que había ido al cielo.Después entendí que el Padre Pío, lleno de respeto hacia la autoridad paterna, quería que yo en estos 14 años – de 1940 al 1954 – viviera lo más cerca posible de mis amados padres, para donarles todo mi anor de hijo, en el respeto del orden de amor hacia la autoridad del padre y de la madre. Sólo después de la muerte de mi padre, el Padre Pío hizo las veces de padre, dirigiendo mi espíritu al amor de Dios y al conocimiento de los problemas de la vida terrena. Desde 1954 hice frecuentes viajes a S. Giovanni Rotondo.***En el mes de Junio de 1956, exactamente el día 6, estaba yo en S. Giovanni Rotondo. Después de la S. Misa me vio el Padre Pío en la sacristía, se me acercó y me dijo:<< ¿ Qué haces aquí? NO pierdas tiempo, vuelve rápido a casa>>. Quedé muy turbado por esta invitación a partir rápidamente hacia Decima. Me fui en el primer tren directo a Boloña y llegué a S. Matteo al día siguiente. Encontré a mi madre cerca de la muerte, pero todavía con la mente clara. Víendome se iluminó de una alegría indescriptible me dijo:<< ¡Estás aquí Luigi! Le he pedido tanto al Padre Pío que te mandara a casa, ¡Deseaba verte otra vez antes de morir! Doy gracias a Dios y al Padre Pío por haber escuchado mi ruego. Ahora muero contenta, porque sé...>>.Entonces me preguntó mamá : << Luigi, ¿qué fiesta es mañana? Oigo las campanas que tocan a fiesta, pero no sé que fiesta es mañana >>.Yo respondí que las campanas no sonaban y que al día siguiente no era una fiesta religiosa. Quise comprobarlo para cercionarme en un calendario; el 8 de junio estaba dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. La situación física de mi madre se agravaba de hora en hora, casi ciega y sin posibilidad de hablar ni de sentarse en la cama. Hizo señas de que quería escribir.Todos los hijos estábamos cerca de mi madre, así como el párroco de Decima, Don Balestrazzi, todas las monjas y algunos amigos.En un modo y con una fuerza sobrenatural, mamá llegó a escribir casi hasta el último momento de vida.Transcribo parte de los pensamientos escritos por mi madre durante su gozosa agonía y su encuentro con Dios:<< Dejo con serenidad esta vida, sabiendo que no tengo falta ni ante los hombres ni ante Dios. Mi fin está cerca, mis fuerzas se van, pero no mi mente...Os dejo Luigi, sé siempre bueno y sereno con todos, yo rezaré por todos. Así termina la vida.¿Eres tú, Luigi? No llores por mí. Estoy con el Señor, estaré siempre contigo. La Providencia está cerca de mí.Yo sigo oyendo el toque a fiesta de las campanas. Vuestro padre me espera – Así termina la vida en esta tierra, no con los hombres sino con Dios – Así ocurrirá con vosotros.Os doy a todosel consejo de seguir mi camino: - Caridad y Honradez – Es un pasar – Yo he acabado.
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