Dejo a todos los conocidos mis mejores deseos. El Señor toma mi aliento; paz y alegría a todos. ¡ A-dios! Mamá >>.Las palabras escritas por mi mamá durante su agoníano dejaban duda alguna de la intervención extraordinaria de Dios, que le dio la gracia y la posibilidad de escribirlas.El sonido de campanas de fiesta que oía mi mamá – hastá el último momento – era la alegre fiesta del cielo por el encuentro del Corazón de Jesús.El 8 de junio de 1956, las campanas sonaron verdaderamente por la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y por mi Mamá que se iba al Cielo. Pocos días después de los funerales salí hacia S. Giovanni Rotondo.***Me encontraba en el pasillo del convento; las paredes estaban cubiertas de grabados. El Padre Pío salió de la celda; tuve la posibilidad de recibir palabras de consolación por mi gran dolor, que Él compartió conmigo. Los ojos del Padre Pío, tan llenos de amor para todo hombre, no supieron en ese momento calmar el dolor de mi corazón. Le dije tan sólo estas palabras:<< ¡ Mi madre le quería tanto! Padre. Tenía Fe y parecía que le conociera íntimamente aunque nunca hubiera hablado con Usted >>. El Padre Pío andaba lentamente por el pasillo yendo hacia el coro de la vieja Capilla.Parecía no querer responder a mis palabras, me miraba fijo con sus grandes ojos llenos de bondad y de amor. De repente se paró, levantó la mano y con el dedo me indicó un grabado de la pared, como si lo viese por la primera vez. Leyó lo que estaba escito y yo le leí tambien. Decía:<< La Comunión de los Santos >>.La sabiduría de Dios en el Padre Pío aclaró de forma insospechada un misterio que desde mi niñez había suscitado en mí, por las historias de mi madre, el interés por conocerle.Gracias a su aclaración comprendi mejor al Hombre que por este misterio tenía parte en muchos secretod de Dio.El Padre Pío me ayudó a aceptar mi sufrimiento, conociendo más a fondo su sentido.Aquella respuesta me aclaró el amor de Dios por el alma de mi madre, a la que el Padre Pío amaba tanto como a mí.Las promesas de amor de Dios que recibí desde mi infancia, procedían de una promesa que Dios hizo a mi madre para ser mantenida por su Éspíritua través de las palabras del Padre Pío.La primera promesa, que no comprendí, me fue revelada en parte por la lectura de aquellas palabras escritas. Via más claro el significado de la carta que el Padre Pío me hizo llegar a Boloña tres meses después de mi primer encuentro con él.La Voluntad de Amore del Verbo – reconocida, acogida y amada por la madre -es la promesa del Verbo de Amor que se da para ser mantenida con la fidelidad del Verbo al Amor de sus promesas.La fidelidad de mi madre al consejo del Espíritu Santo, queríendolo acoger y ponerlo en práctica, por medio de las palabras del fiel sacerdote de Dios, el Padre Pío, se convirtió en promesa de fidelidad de Padre Pío en querer serme cariñoso padre espiritual. El me enseñaría a conocer el espíritu de Dios y a rechazar en el hombre lo que de Dios no es. Todos a los hombres a los que mi padre con humilde bondad supo amar, le llevaron a la ruina material por no haber conocido el espíritu que los animaba. La intervención del espíritu de amor del Padre Pío fue la que salvó, con sus consejos a la familia de la miseria, de la rebelión y confusión de animo que deriva siempre de un alma que no puede distinguir cuál es el verdadero espíritu que difunde el mal entre los hombres.La promesa del Espíritu de Dios en el Padre Pío y en mi madre, dio lugar a la promesa del espíritu de amor, el amor de la promesa que hizo Dios al hombre. Los consejos que llegan al hombre del espíritu rebelde a Dios que era, es, será el enemigo de Dios y del hombre, hasta el día establecido, son el mal del mundo.La promesa de victoria sobre sus enemigos, el Supremo Verbo la donó para indicar el camino del recto consejo a todos los hombres que aman acoger al escucharlos, solamente los consejos dados por el Espíritu del al Palabra de Dios.En este siglo, especialmente, la confusión de las ideas creadas por los espíritus del mal ha dividido a los hombres en una lucha que es ausencia de amor recíproco, por ausencia de amor a querer comprender la Palabra de Dios.El Amor de Dios envió a Padre Pío para enseñar la los hombres de buena voluntad a amar el conocimiento verdadero de la voluntad de Dios expresado en las sagradas Escrituras.Las Sagradas Escrituras, decía Padre Pío, no son bastentemente amadas por el espíritu del hombre que, por ausencia de amor a la Palabra de Dios, no podrá comprender y amar las verdades reveladas por el Divino Vrebo.La ausencia de amor al la Palabra de Dios en disminución de Gracia, es ausencia de conocimiento que lleva al dominio de los esp?Iritus infernales que, conquistando el esp?iritu del hombre, dividen a los hombres.Padre Pío tuvo como don de Dios el discernimiento de los espíritus; personalmente he tenido pruebas de este don divino.Los espíritus del mal que san esconderse en la veste de corderos, jamás han confundido el espíritu de Padre Pío, que de los espíritus que animan a los hombres, sabía reconocer la provenencia, el origen.El amor a la santa humildad que sabe reconocer como dones de la Divina Sabiduría los dolores, las alegrías de la vida de los hombres, es la anseñanza que la palabra de Padre Pío ha donado al mundo.Aparentemente severo, el Padre Pío cuidaba con amor particular a las almas que no conocían la gravedad del pecato. Amaba a los humildes que, frecuentemente, por querer el espíritu del mal, no sabían reconocer el origen de su maldad, por no conocer el deseo de amor en la Palabra de Dios. El Padre Pío me hizo comprender que “ el humilde habla de Dios, incluso cuando no sabe nada de El”.Sólo en la humildad se practica la caridad que Dios quiere.En el hombre humilde que no habla de Dios, Dios confunde al soberbio que habla de Dios en nombre de Dios.En nombre de Dios, los soberbios que hablaban de Dios, hicieron crucificar el Hijo de Dios, Dios hecho Hombre por amor a los hombres.Dios se dejó crucificar por amor a los hombres, por aquéllos que en su nombre juzgaban sobre su Nombre.La vida del Padre Pío, ofrecida al amor del Nombre de Dios, quiere ofrecerse en el espíritu de amor a todas las almas que al amor de Dios ofrecen su corazón.Elcorazón del hombre ofrecido a Dios sabrá hablar de Dios cuando pronuncie el nombre de Dios. A este corazón Él revelerá los íntimos misterios de su Palabra. En la palabra de Dios habla el Corazón de Dios.***Mi estancia en S. Giovanni Rotondo, en Junio de 1956, terminó con un encuentro imprevisto: una colega farmacéutica de Capodimonte (Viterbo), me vio en la plaza del convento. Después de una conversación afectuosa, me invitó a continuar con su grupo a Nápoles y a Pompeya. Había decidido no aceptar la invitación porque debía volver a casa, pero en la última conversación con el Padre Pío, antes de partir, me mostró una imagen de la Virgen en el pasillo del convento. Quería que rezara con él después me dijo:<< Ve a Pompeya, tu madre vive en el Corazón de Jesús. Ahora la Virgen es tu Madre >>.Comprendí entonces que el encuentro con el colega de Capodimonte y el hecho de que su grupo se dirigiera a Nápoles y a Pompeya no había sido una casualidad. Junto con ellos partí ese mismo día hacia Napoles y Pompeya.Los echos ocurridos me demostraron que LA MATERNIDAD DE LA VIRGEN ES VERDADERA.El amor del Padre Pío supo darme tal certeza. Recuperé la alegría perdida y el deseo de darla a quien no la tiene, al mismo tiempo que crecía en mí la seguridad en el amor de la Madre de Dios.***La víspera de Navidad de 1956, volví a S. Giovanni Rotondo. En la estación de Foggia encontré a una señora anciana muy amable: la Baronesa Bianca Remy de Tunicque de Roma. Después de intercambiar algunas impresiones me mostró mucha simpatíay seguimos juntos hacia G. Giovanni. Pasé unas Navidades alegres entre el amor del Padre y la amble compañía de la Baronesa que, al partir, me invitó cordialmente a hacerle una visita en Roma.El interés común por las cosas del espíritu, el amor de Dios y del Padre Pío, crearon un vínculo muy profundo de amistad fraterna entre la señora Remy y yo.La constante búsqueda de Dios la alegría y el entusiasmo excepcional, daban a la señora -de unos 70 años de edad – tanta vitalidad que en su compañía trascurrían las horas como si fueran minutos.Despuès de la ceremonia religiosa del 26 de diciembre de 1956, se reunieron alrededor del Padre Pío, en el corredor del convento, un gran número de personas venidas de toda Italia y del extranjero.Yo no podía acercarme al Padre, pero a pesar de la distancia pude oir algunas palabras de la conversación entre el Padre y varios distinguidos Prelados y laicos.Comprendí que algunas de estas personas pedían al Padre Pío una aclaración de una cuestión muy difícil e importante. No me fue posible oir cuál era cuestión puesta a Padre Pío. Oí en cambio claramente la respuesta del Padre que, vuelto hacia los señores dijo:<< ¡Los intelectuales complecás las cosas! Vosotros intelectuales complicáis muchos las cosas! Yo sabría daros la respuesta sobre la cuestión de los Ángeles.
1
2
3
4